
Javier se levantó temprano, demasiado temprano para su gusto, con la intención de prepararse y salir a un trabajo que no le “alcanza” para resolver sus problemas económicos pero le “sirve” para que le quiten los ojos de encima. Fue al refrigerador y no encontró leche. Sus labios profirieron toda serie de ofensas contra el país en el que le tocó nacer, pero en baja voz pues los vecinos “la tienen cogida con él”.
A duras penas logró terminar de vestir a Jorgito y salieron juntos a “luchar” un transporte para dejar “al chama”, como acostumbra a nombrar a su hijo, y apurarse para llegar antes que el jefe. Otra vez las críticas. Está así “por culpa del gobierno” que no se ocupa del pueblo y que lo ha dejado abandonado en medio del desierto. Él merece tener al menos un carro que lo lleve cómodo al trabajo como a su administrador, que nada hace, pero lo disfruta. Cuando tiene la oportunidad lo dice, pero nadie le hace caso.
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