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Jornada de dolor y de silencio en Santiago de Cuba

Santiago

Santiago de Cuba, 3 dic (ACN) Trocha, Garzón, Carretera del Morro, con banderas cubanas y del 26 de Julio a mediana altura mantienen todo el tiempo los ojos fijos en el cortejo fúnebre del hombre que llegó a la gloria sin olvidar sus orígenes.

Desde su muerte, el pasado 25 de noviembre, la ciudad convirtió su colección de sonidos en necesario silencio, duelo, consternación, reverencia.

Apegada a su historia Santiago de Cuba demuestra que sabe resguardar en su corazón el ejemplo de sus hijos que calan fuerte en sus fibras, hoy en un mar apretado de cuerpos y gestos dando razón a su existencia en calles por donde pasan sus héroes, al decir del poeta.

Hay lágrimas en los rostros, se llevan ropas rojas, negras, azules, brazaletes del Movimiento 26 de Julio, pechos con medallas, abiertos y bien extendidos los brazos, agitados los corazones de niños, lento el saludo de los ancianos, pero con la certeza de seguir su ejemplo para hacer realidad su legado.

Fue despedido hacia lo eterno ante el antiguo Ayuntamiento santiaguero, el mismo balcón que supiera de sus pasos barbudos el primero de enero de 1959, junto a Raúl, Almeida y sus hermanos de la guerrilla.

Otra vez la Plaza de Marte y Chicharrones, entonces Santo Tomás, Aguilera y Moncada de frente a la Posta tres, del otrora cuartel Moncada como en la madrugada de julio de 1953, y los pioneros reviven el poema Era la mañana de la Santa Ana, como es tradicional en los asaltos simbólicos.

Marchan todos hacia la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, hacia donde transita la leyenda -diría un joven médico-, la llama eterna está encendida y el ademán gentil de la figura ecuestre del Titán de Bronce convida.

Y un Fidel que vibra en las montañas, convidó la voz del pueblo trayendo las hermosas notas devenidas himno en las más grandes alturas de su amada Sierra protectora.

Atrás quedó la misma Carretera Central que le vio con firmeza al frente de sus tropas, Baire, Contramaestre, Palma Soriano, El

Tamarindo, Río Frío, El Cobre, Melgarejo y con el saludo en los intrincados parajes el sombrero en alto del anciano que lejos de su morada y muy lento llegó a la orilla de la calzada.

Tenía que venir y despedirlo porque a él le debo todo, mientras con la mano apretada al pecho la joven maestra afirmó que a sus estudiantes les hablará siempre del ejemplo de Fidel.

Pasan solo ocho días de su ausencia. Victorioso sobre la muerte y cubierto de afectos se apresta otra vez el Comandante en Jefe a realzar sus ideas y buenos sentimientos, en el bendito camposanto, donde le esperan Martí, los mártires de la nueva generación y otros próceres de la Patria.

Son horas de apretado abrazo con el pueblo, a quien amó y que le devuelve de la mano del tributo a su lugar en la historia.

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