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Nuestro hombre en La Habana o el extraño caso de Alan Gross

Por Jeffrey Goldberg, theatlantic.com

Traducción: Aminael Sanchez

Es una historia bien extraña el arresto y condena del contratista del gobierno estadounidense Alan Gross por las autoridades cubanas bajo cargos de "atentar contra la integridad" del estado. Y se convirtió en algo aún más extraño gracias al trabajo de investigación realizado por el corresponsal de AP Desmond Butler.

Gross es un judío-americano que fue enviado a Cuba a través de un contrato financiado por la Agencia Americana para el Desarrollo Internacional (USAID) cuyo objetivo era el suministrarle equipos de telecomunicaciones a la pequeña comunidad judía de la Isla. El aparente propósito de la misión era ayudar a cerca de 1,500 judíos en Cuba a conectarse con sus hermanos del exterior. Las autoridades cubanas sospecharon que algo mucho más ruín se escondía detrás de esa fachada. La verdad ... no ha sido totalmente esclarecida.

El reporte de Butler demuestra que Gross no era el conejillo de indias que se hace llamar y que por el contrario conocía de los peligros asociados a la entrada de equipos de telecomunicaciones de avanzada en la isla comunista. No obstante, es bastante obvio, al menos para mí, que Cuba debería liberar a Gross por razones humanitarias. Si Gross entendió o no el peligro, Budler deja bien claro que no estamos hablando de Jason Bourne en este caso. Claro está que los cubanos están interesados igualmente en ver a los llamados Cinco Héroes liberados bajo razones humanitarias. Ambos países están en un punto muerto, un punto muerto de 6 años.

Expongo aquí tres observaciones sobre el caso Gross:

1) De forma general, es una buena idea de los Estados Unidos el demandar libertad en países que no lo son.

2) De forma general, es una mala idea tener a contratistas de USAID entrando equipamiento sensible en países con una posición anti EEUU y que no comparten nuestro discurso sobre libertad. Es mejor dejar ese trabajo a la CIA. Aún mejor sería eliminar el bloqueo económico y de viaje contra Cuba lo cual permitiría que los cubanos conocieran a americanos comunes (y jugaran con su tecnología) para que entendieran lo que significa la libertad.

3) Esta misión humanitaria deja a los judíos de Cuba muy mal parados. Yo apoyaría una misión como esa si los judíos de un país determinado estuvieran siendo perseguido o borrados del mundo, pero los judíos de Cuba no están en ninguna de las dos situaciones.

Los judíos de Cuba están posiblemente más conectados con el resto del mundo que sus compatriotas no-judíos, no solo porque sus sinagogas están conectadas a internet sino porque ellos reciben delegaciones judías de EEUU, Canadá, México y otras partes del mundo de forma casi semanal.

Cuando estuve en La Habana en 2010, la presidenta de la comunidad judía Adela Dworin se quejó de que poseía un almacén casi desbordado con latas de pascado relleno traídas por comunidades judías. Y no existe anti-semitismo en Cuba. No sé quien pueda estar en desacuerdo con esta afirmación (y conste que no estoy solo tomando la palabra de Fidel en esto). En resumen, la misión de Gross estuvo mal orientada y ha sido, dada la situación actual, trágica.

Artículo original:

Our Man in Havana, or, the Strange Case of Alan Gross

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Nota:

Algo se está moviendo.

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